¿Qué es la Psicología Transpersonal?

Artículo de Iker Puente, Dr. en Psicología. Formado en Terapia Gestalt y en Psicología Transpersonal.  Psicoterapeuta en el Espai Gestalt y coordinador del curso ‘El enfoque transpersonal y su integración en la psicoterapia’

El nacimiento de la psicología transpersonal

La psicología transpersonal nace a finales de los años sesenta en los EEUU a raíz del interés de un grupo de psicólogos, psiquiatras y psicoterapeutas en expandir el marco de la psicología humanista más allá de su centro de atención sobre el yo individual, interesándose por el estudio de la dimensión espiritual y trascendente de la naturaleza humana, y en los estados ampliados de consciencia y las técnicas para inducirlos.

A lo largo de los años 60 se (re)descubrieron y proliferaron dentro de la cultura occidental toda una serie de técnicas capaces de modificar el estado habitual de la conciencia, lo que hizo que un gran número de personas tuviesen experiencias que no encajaban dentro de la cosmovisión occidental moderna. Entre estas técnicas se encontraban la meditación, el yoga, la hiperventilación y otras técnicas de respiración, el aislamiento sensorial y las substancias psicodélicas. Muchas personas que participaban en psicoterapias experienciales de corte humanista también empezaron a tener experiencias que no se podían explicar a través de los modelos propuestos por la psicología humanista. Estas experiencias y posibilidades se asociaban a lo que Maslow definió como experiencia cumbre, y que otros denominaban en aquella época estados últimos o experiencias místicas. Aunque esta área se superponía en parte con la psicología humanista, las diferencias eran tan significativas que algunos autores concluyeron que se estaba manifestando una nueva área dentro de la psicología.

En 1966, Maslow y A. Sutich participaron en un seminario sobre psicología humanista en el Instituto Esalen. A lo largo del seminario surgió varias veces la misma pregunta: ¿alguno de los presentes ha tenido alguna vez una experiencia mística o similar? Este seminario hizo que Sutich reconsiderara su posición en relación a la psicología humanista, sintiendo que presentaba ciertas limitaciones, y que no prestaba suficiente atención a la dimensión espiritual o trascendente del ser humano.

Sutich sentía interés personal por los aspectos psicológicos de las experiencias místicas desde hacia tiempo. En su práctica clínica algunos clientes le habían relatado sus experiencias que habían tenido durante terapias vivenciales, practicando la meditación o tras consumir substancias psicodélicas, y el mismo había tenido experiencias de tipo místico a lo largo de su vida. Había leído libros y artículos sobre misticismo y filosofía oriental, y había tenido contacto personal con Krisnamurthi, Alan Watts y con miembros de diferentes grupos espirituales. Maslow también mostraba gran interés por la literatura sobre filosofías orientales, especialmente tras su encuentro con Alan Watts en 1959.

                                 Abraham Maslow

Definiendo una nueva escuela de psicología

Tras el seminario de Esalen, Sutich envió una carta a Maslow señalando la importancia de las experiencias místicas, y compartiendo su idea de crear una revista en respuesta a estas inquietudes. y ambos iniciaron la búsqueda de una palabra que representara la nueva fuerza que estaba emergiendo. En 1968, en una reunión en la que participaron  Maslow, Víctor Frankl, James Fadiman y Stan Grof se propuso la palabra transpersonal como el término más adecuado para expresar la idea que querían transmitir: algo que va más allá de la individualidad y del desarrollo individual de la persona.  La primera definición de psicología transpersonal que propusieron tras este encuentro fue muy detallada, con el objetivo de evitar generalizaciones y simplificaciones:

“La psicología transpersonal (o Cuarta Fuerza) es el nombre dado a una fuerza emergente en el campo de la psicología por un grupo de psicólogos y profesionales de otros campos que están interesados en las capacidades y potencialidades humanas últimas que no tienen un lugar sistemático en la Primera Fuerza (la teoría conductista), la Segunda Fuerza (el psicoanálisis clásico), o la Tercera Fuerza (la psicología humanista). La emergente Cuarta Fuerza (la Psicología Transpersonal) esta específicamente interesada en el estudio científico y la implementación responsable de las metanecesidades los valores últimos, la consciencia de unidad, las experiencias cumbre, el éxtasis, las experiencias místicas, el Ser, la auto-actualización, la esencia, el sentido último, la trascendencia del self, la unidad, la consciencia cósmica… los fenómenos transcendentes… y los conceptos, experiencias y actividades relacionados…”.

Características principales de la psicología transpersonal

A pesar de que es difícil acotar el campo de estudio de la psicología transpersonal, se pueden señalar unos supuestos generales compartidos por la mayoría de los representantes de esta corriente:

a) reconocen la existencia de una dimensión espiritual en el ser humano;

b) plantean que existe un amplio espectro de estados de consciencia, a los que cualquier persona puede acceder; el acceso a estos estados de consciencia además puede ser potencialmente terapéutico;

c) afirman que todo ser humano tiene la capacidad de realizar y actualizar sus cualidades y capacidades latentes, incluyendo la dimensión espiritual o trascendente; y

d) consideran que todo ser humano tiene la capacidad de acceder a experiencias y estados transpersonales, a las que se atribuye un potencial altamente curativo.

Como afirma Grof, uno de los principales representantes de la psicología transpersonal: “los estados transpersonales pueden tener una influencia transformadora muy positiva en las vidas de sus receptores. Pueden aliviar distintas formas de trastornos psicosomáticos y emocionales, así como allanar dificultades en las relaciones interpersonales. Pueden también reducir las tendencias agresivas, mejorar la autoimagen, aumentar la tolerancia hacia los demás y mejorar la calidad general de vida…y en ocasiones, (facilitar) una profunda conexión con las otras personas y la naturaleza” (Grof, 1995:68-69).

Mi experiencia personal

Personalmente, para mi el descubrimiento de la psicología transpersonal y el trabajo personal que he realizado desde este enfoque me ha resultado muy valioso y enriquecedor. Por un lado, me ha permitido conectar con aspectos profundos de mi ser que desconocía, empleando para ello diferentes técnicas para inducir estados ampliados de consciencia en contextos terapéuticos. Por otra parte, me permitió dar un espacio interno y un sentido a algunas experiencias vitales que había tenido a lo largo de mi vida, y me ha ofreció una serie de mapas de la consciencia en los que poder ubicar las experiencias que me he ido encontrando a lo largo de mi proceso, mapas que sigo teniendo muy presentes. El enfoque transpersonal me ha permitido, en definitiva, ampliar el espectro de espacios internos que puedo habitar, ampliando y enriqueciendo mi experiencia.

Por otro lado, la psicología humanista y la terapia Gestalt en particular me resultaron muy útiles para integrar el trabajo que he ido haciendo desde la psicología y la psicoterapia transpersonal. La formación Gestalt en particular me permitió hacer un proceso personal extenso y trabajar con más profundidad la parte biográfica y emocional, y me ayudo a integrar algunas experiencias profundas con estados ampliados de consciencia que había tenido y que fui teniendo a lo largo de mi formación en Gestalt. De hecho, Stanislav Grof señala que la terapia Gestalt es una de las mejores herramientas para integrar el material que se moviliza en sesiones de respiración holotrópica y a través de técnicas similares. Y desde mi propio proceso puedo afirmar que la psicología humanista y la psicología transpersonal son dos enfoques complementarios que pueden aportarse muchas cosas mutuamente.





 

 

 

LA ALEGRÍA

MONTSE COLL, terapeuta gestalt i corporal integrativa en el Espai Gestalt, escribe este mes sobre un tema de vital importancia:

LA ALEGRÍA

Quiero hablar de la alegría siguiendo un impulso muy claro que sentí al plantearme sobre qué quería escribir. Decido seguirlo fielmente siendo consciente que me representa una cierta dificultad. Lo encaro como un tema difícil, al menos para mí. No tengo duda de que tal impulso responde a una necesidad propia en este momento, y me permito hacerla extensible a muchas otras personas. Quiero señalar que no me lo propongo como un reto, sino más bien como una reflexión e incluso como una invocación. Como una llamada a las memorias olvidadas y a las alegrías escondidas o aletargadas.

La definición dice: Sentimiento de placer producido normalmente por un suceso favorable que suele manifestarse con un buen estado de ánimo, la satisfacción y la tendencia a la risa o la sonrisa. Parece, tal como está expresado, que fuera un estado secundario a un hecho concreto, no se refiere a la alegría como una emoción más profunda o al menos vinculada a una conciencia o a una actitud con la vida.

Buscando que dicen algunos maestros, si que voy viendo que hablan de la alegría en un sentido más profundo. Dicen que nace de La Paz Interior. Hablan de Amor, Corazón y del Dar como el camino hacia la alegría.

La alegría, como una emoción expansiva y que genera calor, que nace y facilita el contacto con los demás, se acompaña de una sensación de estar vivo, no eufórico, y que dibuja una sonrisa en el rostro y en el corazón.

Parece, pues que el trabajo con el Ego es muy necesario para acercarnos a ese estado. En el proceso terapéutico, habitualmente abordamos la conciencia del Ego y observamos cual es su peso, su densidad y el grandioso lugar que ocupa desgastando nuestra capacidad y energía vital. La alegría, como la sonrisa, que es su manifestación por excelencia, son experiencias “anti gravitatorias”, elevamos los labios y las facciones del rostro, subimos los brazos y las sensaciones corporales tienden a elevarnos, evocando movimiento, contacto y trascendencia.

Pienso que cuanta menos densidad y carga tenemos de nuestra ” importancia personal”, más cercanos nos sentimos  y más iguales nos percibimos unos a otros. Nuestra confianza aumenta y nuestro miedo disminuye,  naciendo en nuestro corazón una alegría genuina y espontánea que más allá  de nuestras células la transmitiremos también a nuestro entorno.

En los últimos tiempos he creado un lugar simbólico en la consulta  con ese propósito; dignificar la alegría. La tengo presente como un lucero que me ayuda a orientar el rumbo. Siento que es necesario que nos abramos a la alegría de ser, de vivir, de compartir y no deberíamos conformarnos con menos.

El filósofo francés André Compte-Sponville, en su libro ‘La Felicidad Desesperadamente’, hace referencia a la actitud gestáltica de ‘Aquí y Ahora’ como la clave para la aceptación de nuestra realidad. Él, que se ha declarado agnóstico, nos habla de las polaridades, de la necesidad de poder vivir el dolor y la tristeza como camino para la aceptación y acercarnos así a una posible felicidad.

Centrados en nuestro presente, disfrutando de todo lo que tenemos, de todo lo que somos y lo que sabemos, conscientes de lo que está en nuestras manos y cual es nuestro verdadero potencial, conocedores de nuestra propia realidad y naturaleza, encontraremos  en nuestro corazón el estado de contentamiento que nos llenará de felicidad, dejando así de albergar falsas esperanzas poniendo el anhelo de satisfacción y de alegría fuera de nosotros y lejos de nuestro alcance.

En ocasiones es la tristeza la que puede abrirnos el corazón, y a veces aún estando tristes podemos sentir en un plano más profundo la alegría de percibirnos conectados a nuestro mundo emocional, la alegría de sentirnos vivos. Incluso en una perdida, en el fondo de un dolor reside la gratitud de lo vivido. Necesitamos reconocernos en la vida y experimentar el agradecimiento en nuestro corazón para acercarnos al sentimiento de alegría.

Hay un dicho que dice” Se ríe como un tonto” o “como un niño”, y no queremos ni ser tontos ni infantiles…y  he observado que la mayoría de Lamas, y el mismo Dalai Lama, se ríen muchísimo, fácilmente, y a veces de cosas y comentarios muy simples. Me sorprende la facilidad que tienen para reírse. Y creo que nadie se atreve a pensar que son tontos…. Los sabios son los que más ríen. En fin, los humanos somos la única especie que tenemos la capacidad de reírnos a diferencia de los animales, aprovechemos ese potencial.

El bebé al poco tiempo de nacer ya esboza sonrisas sin más, provocando alegría en los adultos. Es un reflejo muscular que se observa cuando el bebé está muy tranquilo, en paz y en contacto consigo mismo. Tenemos más de 30 músculos para reírnos, seguramente poco utilizados para reírnos de verdad y no defensivamente. Solo la risa verdadera desencadena la cascada hormonal segregando las sustancias del bienestar contribuyendo de manera muy favorable en nuestra salud. Por lo tanto a nivel corporal aparte de trabajar nuestros bloqueos y corazas, acordémonos de sonreír como un auténtico abordaje desde el cuerpo.

Yo, a menudo cuando necesito algo, o también trabajando con clientes, y no tengo registro de referencias, las busco en la naturaleza. Todo está de alguna manera representado en ella y a mí me sirve como inspiración, integrando la experiencia, tomando conciencia en el cuerpo.

El griterío de los pájaros a primera hora de la mañana, los cantos del amanecer resultan ser auténticos catalizadores para mí, me despiertan alegría. En más de una ocasión he recomendado a clientes ir a un parque donde juegan niños para despertar el sentido de juego, la espontaneidad, la alegría y el contacto. En este caso tomo al niño como parte de la naturaleza, para refrescar nuestras memorias emocionales y nuestra capacidad de sorprendernos y de reírnos. Si observamos realmente abiertos de corazón y atentos, algo nos pasa. Algún día fuimos alegres y vivos, no estuvimos solos. Deberíamos evitar la torpeza de aplastar la alegría natural de los niños.

Goethe escribe: ‘La Alegría y el Amor son las dos alas para las grandes empresas’.

Alejandro Jodorowsky afirma: ‘Sabes que estás en el camino correcto cuando a cada paso sientes la alegría de vivir’.

Thich Nhat Hanh declara: ‘Si en el amor no hay alegría, no se trata de verdadero amor’.

Trabajemos pues en el Amor para no confundirnos y, aparte de algunas lágrimas, regalémonos sonrisas.

MONTSE COLL


Hablemos de la muerte

Artículo de Ana Hernandez, terapeuta gestalt y colaboradora del Espai Gestalt

Hablemos de la muerte

“Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza,  frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte.  No sabemos dónde nos espera la muerte: así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo.
”   Montaigne

Nos cuesta hablar de la muerte. Parece que es de mal augurio, que la vamos a atraer antes de hora. O es macabro, morboso, de mal gusto. Mejor hablemos de cosas agradables, alegres, divertidas.

De esta manera, nos vamos alejando cada vez más de lo inevitable, hasta el punto de que, individualmente y socialmente, la negamos y vivimos como si no existiera.  No es de extrañar  pues que, cuando llegue, nos tome por sorpresa. Estas maniobras de despiste de la muerte forman parte del  pensamiento mágico por el cual si no la vemos ni hablamos de ella, no existe o creemos que vamos a poder evitarla. Hay un cuento árabe,  “La muerte en Samarkanda”,  que relata como un visir, viéndola en la plaza de su ciudad,  huye a Samarkanda para evitarla, sin saber que la cita de la Muerte con él es justo en esa otra ciudad.

Claudio Naranjo dice que sabemos que vamos a morir, pero no lo sentimos;  si lo sintiéramos, si fuéramos realmente conscientes de la muerte, actuaríamos de diferente manera, seríamos mejores personas.

La constatación de la inevitabilidad de la muerte nos lleva a vivir la vida más plenamente, a disfrutar de lo que tenemos, a darle importancia a lo que realmente la tiene. Nos hace menos consumistas, menos neuróticos, más conscientes….”mejores personas”.

La muerte, así como cualquier pérdida, conlleva un proceso de duelo, que no es más (ni menos) que un  proceso de adaptación a la nueva situación. La intensidad, calidad y duración del duelo dependerá de una serie de factores que determinará la respuesta de cada uno de nosotros ante la pérdida. A modo de ejemplo, no es lo mismo perder las llaves de casa que perder un bolígrafo;  y no es lo mismo la muerte de un familiar cercano que la de un vecino.

El duelo es algo que ocurre naturalmente, no algo que “se tenga que hacer”. No podemos forzar el proceso,  sería lo mismo que “empujar el río”.  Ante el duelo, la actitud gestáltica y la meditación son de gran ayuda ya que lo mejor que podemos hacer en esa circunstancia es observar y darnos cuenta de qué es lo que nos está pasando, detectar qué emociones sentimos y qué pensamientos están ocupando nuestra mente.  Más adelante, cuando las emociones y el dolor hayan disminuido, podremos empezar a reconstruir una vida que sentimos que se ha derrumbado.

Cuando iniciamos un proceso terapéutico, probablemente sin saberlo en ese instante, estamos emprendiendo un viaje, no sólo de autoconocimiento, sino también de aceptación de la vida y de la muerte.

Sogyal Rimpoché lo expresa con esta claridad:

“Quizá la razón más profunda de que temamos a la muerte es que ignoramos quiénes somos. Creemos en una identidad personal, única e independiente, pero, si nos atrevemos a examinarla, comprobamos que esa identidad depende por completo de una interminable colección de cosas que la sostienen: nuestro nombre, nuestra “biografía”, nuestra profesión, nuestra familia, amigos, etc.. Es de este frágil y efímero sostén de lo que depende nuestra seguridad.  Así que, cuando se nos quite todo eso, ¿tendremos idea de quiénes somos en realidad?” (Sogyal Rimpoché – El Libro Tibetanos de la Vida y de la Muerte)

El inicio de una terapia Gestalt es el acto de coraje de atrevernos a examinar esa identidad personal y de darnos cuenta de que todo ello es una construcción que se va desmoronando a medida que avanzamos en el proceso. También ahí hay un duelo de lo que creíamos ser y no somos. Es el desenmascaramiento del ego, morir a lo que creemos ser, al autoconcepto, a la identificación de los diversos personajes que nos habitan y de los roles que jugamos a lo largo de la vida para poder afrontar el Viaje Definitivo, como dice Stanislav Grof, de forma conciente y con la máxima serenidad posible.

La muerte forma parte de la vida y necesitamos hacernos responsables tanto de una como de la otra.

No encuentro mejor manera de plasmar esto último que con palabras de Guillermo Borja:

Hay que ser responsables de todo y hay que abrir esta expectativa a los pacientes porque es pretensión nuestra que reconozcan todos y cada uno de los instantes de su vida. Y hay un instante llamado muerte.  Y a la muerte hay que hacerla presente. Hay que saber que nadie es eterno. Que no hay que postergar la existencia. Tenemos que recordar hacia dónde vamos. Entre más neguemos la muerte más negaremos la vida. Cuanta mayor sea la incapacidad ante la vida, más se negará la muerte. Y la mejor preparación para la muerte es la conciencia de vivir, teniendo presente que vamos a morir y que postergar es un mal negocio, que decir mañana es casarse con el futuro y que esas nupcias equivalen a suicidarse en el presente. Porque si no hay conciencia no se puede llegar a la muerte lo suficientemente vivo, como para poder entregarse.

La vida es entrega. La pareja es entrega. Los hijos son entrega. El trabajo es entrega. La muerte es entrega.
Y la muerte se hizo: ¡Hágase Señor tu voluntad!” 

Gestalt i manipulació psicológica

Article de Carles Riera, sociòleg i terapeuta gestalt, colaborador de l’Espai Gestalt

GESTALT I GRUPS DE MANIPULACIÓ PSICOLÓGICA (GMP)

Un tema de recerca i d’intervenció social i sanitària creixents és el de les socioaddiccions, i en el seu marc el dels grups de manipulació psicològica (GMP), en el passat esmentats amb la denominació de sectes, o, més concretament, de sectes destructives.

Una definició provisional de GMP, fruit de les darreres recerques sobre el tema podria ser:

Grups i xarxes, presencials o a internet, que incideixen de manera deliberada en la crisi, vulnerabilitat, o fragilitat psicològica de les persones, mitjançant processos d’aïllament, submissió,  control mental i emocional, de la informació, de la intimitat i de la socialització, així com d’endoctrinament dogmàtic. Imposen una autoritat totalitària, i una delegació de l’autocontrol, l’autodeterminació, i l’autonomia personal. Dirigeixen la identitat, el relat i el projecte personals,  substituint el pensament crític i la consciència de sí, per la creença, la dependència i l’obediència,  La fidelització és no consentida o consentida sota amenaça, xantatge, o engany. La seva finalitat principal és l’empoderament i enriquiment dels seus líders. En la seva actuació i influència són expansius i invasius, abastant àmbits i aspectes aliens  a les seves finalitats formals. No practiquen bases democràtiques en el seu funcionament intern.

Hom ha observat una coincidència entre el capteniment i mètodes d’aquests grups i alguns dels què també podem observar en els processos de violència masclista i en les institucions totalitàries. Concretament: captació oportunista en moments de fragilitat emocional i de vulnerabilitat psicològica de la víctima, promesa de millora o salvació que només està en mans del GMP i dels seus líders, creació de vincle íntim mitjançant pràctiques diverses que col.loquen la víctima en estat d’autoqüestionament i receptivitat, successió d’enaltiments i desqualificacions, aïllament i culpabilització dels grups de relació habituals (família, amistats, etc.), caiguda de l’autoestima, el GMP és la nova família, modificació de creences, i dependència.

Una altra característica d’aquests grups és la dificultat per a sortir-ne, ja sigui per la dependència de la víctima, per la culpabilitat, o per les traves objectives que el líder i el grup imposen per a evitar-ne la marxa.

També en els darrers estudis sobre aquesta problemàtica, els grups terapèutics i entre ells els gestàltics apareixen com a riscos potencials o confirmats en alguns casos.

Òbviament, la gestalt té, malgrat les acusacions que hagi pogut rebre, unes finalitats i metodologies clarament oposades a les dels GMP: consciència, responsabilitat, autonomia, llibertat, vincles saludables, desenvolupament humà, etc. I així ho confirmen les pràctiques de la majoria de les entitats i professionals que s’hi dediquen.

Tanmateix,  i amb la finalitat de desmentir algunes acusacions interessades, així com de prevenir males pràctiques terapèutiques i institucionals , seria interessant aprofundir en algunes qüestions sobre com evitar processos i situacions de: dependència institucional, dependència grupal, i males pràctiques relacionades amb un ús manipulatiu de la transferència i la contratransferència. Així com incorporar a la recerca i la formació gestàltiques l’anàlisi del procés terapèutic des de l’òptica de les relacions de dependència i autonomia.

 

 

 

 

 

LA MEDITACIÓN Y EL PROCESO TERAPÉUTICO

Artículo de Remedios García Lorente – Psicóloga General Sanitaria y Terapeuta Gestalt,

Miguel Oramas Thurstun – Terapeuta Biogestalt, Instructor de Meditación, Biólogo y Sociólogo, actualmente en Formación Gestalt en el Espai Gestalt

En este artículo queremos presentar algunos efectos de la práctica de la meditación sobre el proceso terapéutico. Actualmente hay un auge en el uso de la meditación en muchas de las corrientes terapéuticas en Occidente. Incluso hay nuevas formas de terapia que enfocan el proceso terapéutico específicamente en torno a la meditación, por ejemplo la novedosa “Terapia cognitiva basada en mindfulness” (Mindfulness based cognitive therapy). También en las corrientes terapéuticas más cercanas a los autores, como la Biogestalt, se pone especial énfasis en la práctica de la meditación. Por ejemplo, el Dr. Antonio Asín llama a la meditación “La terapia por excelencia”.

Y hay innumerables tipos de meditación, de hecho se dice que el Buda enseñó 84,000 métodos diferentes, que básicamente se pueden clasificar en dos tipos. La meditación shamatha (morar en calma) y la meditación vipashyana (visión clara).

En los últimos 20 años se ha estado investigando la meditación, especialmente la meditación shamatha, en universidades de todo el mundo, y se ha demostrado el efecto positivo que tiene sobre el cerebro y sobre la percepción de la realidad. (para más información: http://www.mindandlife.org/)

Entonces, ¿qué efecto tiene la meditación en el proceso terapéutico?… entendiendo el trabajo terapéutico como el proceso de intervención que posibilita la curación de una enfermedad o de aspectos limitantes en áreas importantes de funcionamiento en una persona.

Para explicar esto, podemos empezar por uno de los principios básicos de la meditación, que es el cultivar la atención. El aumentar la capacidad de atención de la persona, reduciendo la tendencia a la distracción, tiene ventajas obvias para el proceso terapéutico. Por ejemplo, el eje central de la terapia es la auto-observación, la observación de lo que me está sucediendo, cómo me siento, que pensamientos surgen en mi mente. También se enfatiza la reflexión, el análisis. En ambos casos, la introspección aumenta de calidad cuando la persona tiene la capacidad de permanecer atento de forma continua, permitiendo un trabajo mucho más revelador que el que se consigue si la persona tiene más tendencia a distraerse de sus procesos internos.

En segundo lugar, otro aspecto de la meditación es lo que se llama “la consciencia vigilante”. Esto hace referencia a una cualidad supervisora de la mente, algo así como una visión panorámica de los procesos y contenidos mentales. La consecuencia de cultivar la consciencia vigilante es que a pesar de que surjan pensamientos o emociones, éstos no nos distraen, sino que podemos seguir estando presentes ante los pensamientos y emociones que surgen. Esto también tiene una importancia vital para el proceso terapéutico porque la persona logra mantener una visión panorámica de su mundo externo y su mundo interno simultáneamente. El poder mantener la atención en lo externo y lo interno a la vez permite una comprensión de la relación causa y efecto entre estímulo externo y la reacción interna, ¿Cómo estoy respondiendo yo ante el mundo que percibo? Esto es un elemento crucial del proceso terapéutico.

Y en tercer lugar, otra cualidad que se cultiva en la meditación es la espaciosidad, o la relajación mental. Esta cualidad quizás es la más difícil de explicar en palabras. A grandes rasgos está relacionada con una actitud mental en la que uno no se aferra a los pensamientos y emociones que surgen durante la práctica, se cultiva la actitud de no-juicio, se le da permiso a que los pensamientos surjan y se disuelvan, sin nosotros aferrarnos a ellos y por lo tanto tampoco nos aferramos a las historias que puedan traer consigo. El resultado de esto es que nos volvemos menos reactivos ante los contenidos mentales, hay menos mecanicidad, logramos poder observar sin dejarnos llevar, o distraer y de esta forma podemos profundizar mucho más. Además, en la vida cotidiana esto nos permite tener más tiempo para decidir qué hacer. Esta reducción de la automaticidad de reacción ante los contenidos mentales es muy importante a la hora de aprender a lidiar con nuestros pensamientos y emociones.

Esto ha sido una pequeña introducción a los efectos de la meditación sobre el proceso terapéutico. En artículos futuros seguiremos ampliando esta área. También es importante recordar que la meditación, si bien puede ser un apoyo, no es necesariamente un sustituto para la persona que está en proceso terapéutico. Lo que sí podemos afirmar es que la meditación es un camino corto para llegar a uno mismo, a un estado de bienestar, alegría y serenidad, aunque claro está que no siempre es fácil, requiere de paciencia y de perseverancia. En cualquier caso, tal como dice el maestro Sogyal Rimpoché:  “El regalo de aprender a meditar es el mayor regalo que te puedas dar en esta vida.”


 

REGRESO A CASA

Abrimos el recién estrenado 2016 con este artículo de Jesus Oliva Chaves, Terapeuta Gestalt y Coropral, especializado en adicciones, y colaborador del Espai Gestalt

REGRESO A CASA.

Sentado en el zafu, escucho la quietud y el silencio de este momento. El ruido interno no tarda en aparecer, un pensamiento sucede a otro. Vuelvo a la respiración. Ahora es el dolor físico en la rodilla el que llama mi atención. Respiro. Pensamientos, emociones y sensaciones se suceden en el aquí y ahora. Vuelvo al instante, testigo curioso de lo que acontece…

 La aceptación me ayuda a estar con la espalda recta abrazando el misterioso, cambiante e incierto aquí y ahora. A menudo surge el miedo y comúnmente rechazo adentrarme en esta experiencia. No puedo, me va a doler. Y trato de volver a un lugar conocido, seguro y donde haya algo más de certeza. El contacto real con la sensación se pierde en post de la historia que me cuento.

Un nuevo instante se abre y observo cómo estoy tratando de controlar la experiencia con una respiración superficial y tensando la musculatura. No quiero sentir. Me resisto al contacto íntimo con la vida, conmigo mismo. Me peleo. Escapo con un relato en el que pienso que no soy capaz de hacer frente a este sentir desconocido. Ando ya lejos de lo que es. Pensamientos, ideas acerca de ello refuerzan el rechazo a esta experiencia.

Sufro, más me cuento que estoy a salvo. Me parece que vuelvo a controlar la vida, que lo desconocido no va a acabar conmigo. Y es que abrirme al misterio sería cómo morir, tener que cuestionar lo que creo, abandonar la imagen que durante tanto tiempo me viene acompañando. En el fondo, lo que intuyo es un no quiero volver al dolor que sentí de niño cuando estaba abierto a sentir.

La aceptación me ayuda a respirar este momento. El instante se abre para que reconozca esta resistencia. Me encuentro con el miedo, y esta vez, decido no escapar, no huir. Dejo que el cuerpo tiemble, noto aquí y ahora el sentir. Me rindo, me dejo morir. Lleno este espacio de estar, de amor, de dignidad. No lucho contra él, no lo juzgo ni trato de librarme de él. Ya no tengo que reprimir su existencia sino que me abro a él, a la verdad que hace latir de nuevo mi corazón, que posibilita que acoja con amor la herida que me ha tenido tan asustado.

Quizá este instante sea para ti un momento donde abrir tus brazos y acoger lo que llevas tanto tiempo rechazando. Respira y dale espacio a todo esto incómodo y desagradable, elige quedarte ahí, reconociendo por primera vez ésto que ocurre. Trata de ser amable con lo que ahora se manifiesta. Abandona toda idea sobre ello y explora lo que es en este preciso momento. Permite que te duela, déjate estar en contacto con lo que sucede. Sigue contigo, en este encuentro íntimo con tu verdad.

Si estás en guerra contigo mismo, reconócela y trata de estar ahí, en contacto. No huyas buscando un estado mejor. Quédate contigo y abraza esta lucha. Despierta tus sentidos, abre tu corazón a este instante para que la verdad te sea revelada. En el fondo de ti, está el niño/a que fue rechazado, esperando que acojas todas las experiencias de las que te separaste para sobrevivir.

Quizá haya espacio ahora para reconocer el fracaso y el miedo, para sentir tu debilidad y tu tristeza. Quizá te des permiso para notar la ira y el aburrimiento. Quizá ahora puedas dejar de negarlos y admitir su existencia. La vida en todas sus formas llama a la puerta para que no te limites a una imagen parcial de ti mismo. Escucha su pulso y abraza lo que quedó enterrado. Deja que entre la luz, respira.

Quizá no sea necesario que te sigas defendiendo, abandona cualquier propósito que no sea estar aquí y ahora. Suelta tu historia por un momento y encuéntrate contigo, siéntete y nota la libertad al no reprimir nada de lo que ahora se manifiesta. Observa el continuo movimiento de la vida. Respira.

Sigue con la espalda recta cuando aparezcan los juicios, no soy capaz, no voy a poder,  me voy a morir, quiero escapar; y confía, ten fe, respira y acógelos, reconócete espacio  para esto también. No huyas, no te defiendas. Deja que tu corazón respire, tú eres este hogar que estás buscando. Siéntete vivo, en contacto, ahí reside tu fuerza.

Llegaste a casa, no necesitas seguir escapando. Estar en ti, con todas estas sensaciones que surgen. Y reconocer en ti el amor que lo abraza todo, que lo permite todo.

¿JUGAMOS A LOS MALOS?

Eva Martinez, maestra, formadora en el ICE de la UAB y directora de formación en la Asociación Arae, invita en su artículo a dejar al niño jugar a ser un monstruo perverso el tiempo que necesite

Decía Guillermo Borja que para ser persona uno tiene primero que convertirse en monstruo. Es una afirmación que muy probablemente pueda aceptarse en contextos terapéuticos sin demasiadas resistencias: el encuentro con la sombra, su identificación, su vivencia, su integración, es algo que genera unos valiosos aprendizajes y que empodera a la persona en su actitud vital, ya que la relación con sus monstruos interiores se establece desde un lugar mucho más consciente. Lo que nos hace más personas es ese viaje hacia adentro, hacia el encuentro con nuestro monstruo interno. Él va a ayudarnos a conseguir una mejor versión de quienes somos.

Sin embargo, suele ocurrir algo distinto en contextos educativos. Aunque la educación emocional está teniendo mucha presencia en los últimos tiempos, no he encontrado demasiadas prácticas que inviten al niño a estar en contacto con su experiencia interna, especialmente cuando ésta es dolorosa o difícil para el educador. Con la mejor de las intenciones, se suele invitar al niño a dejar de mirar a su monstruo, y a dirigir la mirada hacia algo más simpático. Y de esta manera, puede que el malestar deje de mostrarse rápidamente, que le hagamos sonreír o que le acabemos convenciendo de que lo que siente no es para tanto… pero el precio que paga por complacer a un adulto que quiere verlo contento es demasiado alto. Lo que conseguimos educando sólo en aquello que consideramos positivo es reforzar una atrofia emocional que les acompañará toda su vida. Los niños, con sus monstruos y sus sombras, crecerán y andarán sus caminos, donde encontrarán dificultades con las que deberán lidiar sin nosotros, sepan hacerlo o no.

No propongo, ni mucho menos, hacerle comprender al niño que tiene un ego y que son sus sombras inconscientes las que determinan en gran parte su comportamiento; para ello es necesaria más madurez, más autoconciencia, y sobre todo, más edad. Pero sí sugiero dejarle jugar a ser un monstruo perverso el tiempo que necesite. Sabemos que la fantasía ejerce un importante papel en el aprendizaje durante la infancia. Afortunadamente, en educación tenemos un magnífico catálogo de sombras humanas que desde la imaginación, van a permitir al niño elaborar muchos de sus conflictos internos: los cuentos de hadas*.

Esta clase de relatos nacen de la tradición oral, del inconsciente colectivo de una comunidad que expresa –al calor de la lumbre- sus luces y sus sombras a partir de unas imágenes arquetípicas. Estas imágenes se han mimetizado con el contexto socio-cultural de cada comunidad, y tienen distintas formas según el lugar donde sean contadas: en Oriente, los monstruos suelen ser dragones, mientras que en Europa suelen ser lobos, ogros o brujas. En cualquier caso, son formas distintas de un mismo fondo que tiene que ver con la esencia humana. En la mayoría de historias, lo que ocurre es un proceso de transformación cuando el héroe vence a los malvados, una preciosa metáfora de lo que supone ir adentrándose en uno mismo e ir aprendiendo a vivir.

Por eso es tan importante que el niño esté expuesto a estos relatos, porque recogen algo que necesita ser elaborado en su alma, en las profundidades de su psique. Poder sentirse conectado -por ejemplo- con su agresividad, como el lobo, y sentir el placer de devorar a alguien, es ayudarle a ser un adulto menos violento; un niño que puede mostrarse agresivo, aunque sea en fantasías, que puede identificar su pulsión destructiva y elaborar una producción imaginaria de ese fantasma, puede convertirse en un adulto más consciente de su agresividad. No podemos educar la agresividad desde la represión, ni desde la negación. Debemos ofrecer contextos donde estas experiencias sean vividas y se conviertan en  valiosos aprendizajes para sus vidas; debemos ayudarles a construir una representación interior de sí mismos que les recuerde que son capaces de superar las adversidades, que aunque sientan lo que sienten los malos, van a ser aceptados y respetados;  y sobretodo,  que no les aleje de lo que son.

Eso es lo que hacen los cuentos tradicionales: permitir al niño elaborar conflictos internos y realizar pequeñas transformaciones personales que le convierten, como al héroe del cuento, en alguien más valeroso. Por supuesto, ni Disney –que ha edulcorado enormemente las versiones- ni mucha de la literatura para “trabajar” emociones, llega a conseguir lo que consiguen estos relatos. No es lo mismo que un cuento te acabe diciendo cómo tienes que sentirte “correctamente”, que jugar a ser el peor de los malvados, sabiéndote custodiado por la mirada confiada de un adulto que tiempo atrás, también fue un perverso y pérfido monstruo.

*Denominados también cuentos maravillosos, populares, tradicionales, etc según distintos autores.

CUERPO Y SEXUALIDAD

Peter Kogelbauer, colaborador de l’ESPAI GESTALT, nos comparte este mes su artículo sobre sexualidad

Estar presentes en el encuentro íntimo

Una introducción al Sexological Bodywork

La Gestalt nos enseña un camino de transformación personal a través de la experiencia: al tomar más conciencia de lo que vivimos en el aquí y ahora, facilitamos procesos que nos ayudan a aceptar mejor nuestra realidad y a conseguir cambios personales. Esto mismo es aplicable, en un principio, a la sexualidad: la toma de conciencia y la presencia en la experiencia nos facilitan crecer como seres sexuados. Sin embargo, en la práctica nos vemos limitados por muchos tabúes asociados a la sexualidad: nos encontramos con prejuicios y emociones, como la vergüenza, el miedo o la culpa, que nos dificultan hablar sobre nuestros deseos y necesidades más profundos y, más aún, explorarlos de forma consciente.  Así es fácil que experimentemos la sexualidad como un ámbito en el que tenemos poca libertad, que nos encontremos con vivencias que no sabemos gestionar bien o que hayamos aprendido a ignorar esta parte de nuestra vida. O quizá nos topemos con limitaciones a nivel corporal que no nos permiten disfrutar plenamente de nuestra sexualidad.

El enfoque de Sexological Bodywork ofrece una metodología efectiva para poder abordar diferentes aspectos de la sexualidad de forma vivencial. La clave para el crecimiento personal reside en la toma de conciencia de lo que experimentamos en el momento presente. Dentro de un claro marco terapéutico-formativo, utiliza diferentes actividades, como ejercicios de respiración, contacto físico, masaje, movimiento consciente, comunicación verbal y meditaciones activas, con el objetivo de entender mejor el funcionamiento de la propia sexualidad, para enraizar más en el cuerpo esta vivencia y poder gestionar la propia experiencia sexual de forma más consciente. Así, facilita la integración de lo sexual y lo afectivo y permite crear vínculos más profundos con la otra persona. O –dicho de otra manera– nos enseña caminos para poder estar más presentes en la experiencia íntima.

¿Cuáles son las barreras que nos dificultan estar presentes en nuestra experiencia sexual? Un primer plano donde podemos explorar nuestro potencial de placer es a nivel corporal. Existe una gran variedad de maneras de tocar, y la capacidad de percibir las sensaciones corporales a través del tacto es algo que podemos entrenar. Muchas veces estamos acostumbrados a tocar con un objetivo, por ejemplo para manipular objetos, para hacer algo con nuestras manos o –en la intimidad– buscando la erotización. En otras situaciones, en cambio, hemos aprendido a censurar emociones o impulsos eróticos, un mecanismo que puede haberse vuelto inconsciente. Sea como fuere, de este modo ya no estamos plenamente presentes en la experiencia. A través del tacto consciente podemos desarrollar nuestra sensibilidad al tacto, explorar nuestras dinámicas personales y recuperar partes rechazadas.

Desde pequeños, muchos hemos aprendido a limitar la expresión de nuestra sexualidad: cuando empezamos a tocarnos y a masturbarnos en la adolescencia, normalmente lo hacemos a escondidas y, para no llamar la atención, a menudo hemos aprendido a no respirar mucho, a no usar la voz, a no movernos demasiado. Además, con frecuencia, todo ello va acompañado de una pauta de excitación que se asocia a tensiones musculares, especialmente en la zona pélvica. Todos estos factores (poca respiración, no usar la voz, escaso movimiento y tensión muscular) reducen la capacidad para percibir sensaciones corporales. En consecuencia, muchas personas han desarrollado una sexualidad en la cual la excitación sexual se basa más en estímulos externos, especialmente visuales, y en la fantasía y, menos, en las sensaciones corporales.

El concepto de «agujero genital» se usa para describir una situación en la que una persona tiene poca conciencia corporal en su zona íntima. En general, la zona genital es una zona corporal que no conoce un contacto físico sin intención, sino que más bien el contacto ya tiene un objetivo. El tacto con presencia en la zona íntima sin objetivo es algo poco conocido para la mayoría de las personas. Aprender a recuperar el poder de sentir y disfrutar que está en nuestra respiración, en el movimiento y en la voz, pueden ampliar y enriquecer nuestra vivencia de la sexualidad.

Si aumentamos la conciencia corporal, también tendremos más información y libertad para gestionar nuestra excitación y la energía sexual. Facilita nuevas posibilidades de actuar a personas que se encuentran con ciertas dificultades en su experiencias sexuales relacionadas con el orgasmo, la erección o la eyaculación.

Otro nivel donde podemos explorar –y desarrollar– la presencia es en el modo de gestionar nuestras necesidades, deseos y límites. Tener una vida sexual plena significa poder identificar estas necesidades y deseos propios, así como percibir los límites y sentirse cómodos para expresarlos a la pareja, negociarlos y encontrar formas de realizar los propios deseos en resonancia con los del otro. Aunque a primera vista no lo parezca, la sexualidad sigue siendo un ámbito ligado a muchos tabúes y emociones desagradables, como la vergüenza o el miedo; y muchas personas, incluso habiendo realizado largos procesos de terapia u otro tipo de crecimiento personal, pueden interrumpir estos ciclos de necesidades en distintos puntos.

Con frecuencia, la sexualidad compartida se centra en satisfacer al otro, dando poca importancia a los propias necesidades, que pueden considerarse inadecuadas. O al revés, hay personas que se centran en sí mismas sin tener en cuenta al otro. Entre muchas parejas existe un alto nivel de incomunicación durante y/o sobre el sexo. Numerosas facetas de la propia sexualidad, como por ejemplo fantasías, deseos o la masturbación, quedan escondidas, no se comparten con el otro. Mantener una comunicación abierta sobre lo que realmente nos mueve en la sexualidad, sobre lo que queremos explorar, es un elemento decisivo para mantener viva la llama de la sexualidad en parejas de larga duración, es una clave para desbloquear situaciones de rutina y aportar más creatividad, fluidez, espontaneidad y juego a la sexualidad. Así, la sexualidad se convierte en algo vivo que cambia en el tiempo en conexión con el proceso y el crecimiento personal de cada uno y en resonancia con su entorno.

En este camino de crecimiento, nos encontramos también con las fijaciones de nuestro carácter y otras identificaciones que, por influencia cultural o familiar, hemos aprendido; por ejemplo, las de género. Permitiéndonos explorar más allá de estas identificaciones, la metodología Sexological Bodywork nos puede aportar más riqueza y profundidad en nuestras experiencias eróticas, más apertura hacia la pareja y más plenitud en nuestra sexualidad. Así, la vivencia de la sexualidad puede convertirse en un baile, un encuentro creativo con nosotros mismos y/o con otra persona; podemos surfear sobre las olas de nuestra emocionalidad y energía sexual; podemos explorar la gran fuerza y la conexión que nos aporta la sexualidad, la intensidad de lo sutil y de la fuerza sin tener que llegar a ninguna parte, solamente viviendo y disfrutando del momento presente.

ACOMPAÑAR EN LA INFANCIA

Artículo de Maria Micaela Saura, terapeuta gestalt y corporal integrativa. Colaboradora del Espai Gestalt 

Acompañamiento a la infancia con conciencia: prevención de la herida emocional

Cuando hablamos en términos de prevención de la herida emocional, estamos hablando de crear un espacio propicio para que se pueda dar un desarrollo sano en el niño, y de ahí pueda desarrollarse un adulto más consciente.

Cuando empezamos a revisar los asuntos que nos generan conflicto en nuestro presente y en los que nos quedamos atascados, vemos que muchas veces son asuntos que han sido bloqueados hace muchos años, casi siempre cuando éramos niños.  Se crearon en esas etapas donde fuimos muy vulnerables, donde estábamos desarrollando diferentes capacidades en la relación con nosotros mismos y con el entorno.

Viendo que mi dificultad de poner límites ahora, mi dificultad de mostrarme vulnerable, mi dificultad de expresar lo que necesito, se forjó en este momento en que empecé a relacionarme conmigo mismo y con mi entorno, me lleva a poner atención en cómo puedo trabajar para poder prevenir estas dificultades tratando de que sean mucho menores.

De la misma manera que ponemos atención en la prevención de diferentes enfermedades o dolencias, podemos prevenir ayudando a que esa herida emocional  sea menor desde un acompañamiento con conciencia a la infancia.

Muchas veces no tenemos la información de las necesidades psicoemocionales  que el niño necesita cubrir en estas etapas para que se dé un desarrollo sano.

Por ejemplo: si  cuando  un niño empieza la época en la que a todo dice no y expresa la rabia con mucha fuerza,  entendemos que al decir NO se está diciendo SI a sí mismo, podemos acompañar esa expresión de otra manera. Si esto se acompaña de una forma respetuosa llevará a que ese niño cuando sea adulto podrá poner límites, podrá decir no…

Por el contrario, si está parte de él es negada y juzgada probablemente tendrá dificultades por no haber podido desarrollar esa capacidad.

Para ese acompañamiento necesitamos poner conciencia a  cual es mi dificultad con esa capacidad que está desarrollando. El acompañamiento que yo he recibido cuando era niño va a estar presente en mi forma de acompañar ahora. Siguiendo con el ejemplo anterior, si yo como adulto no me permito sentir  rabia, tal vez ni la identifico, me costará más acompañar esa emoción.

Desde el conocimiento de lo que ocurre en ese momento vital del niño y desde la conciencia de mi dificultad con ese asunto puedo encontrar una manera más respetuosa de acompañar apostando por la prevención.

GESTALT I PATRIARCAT

Article de Carles Riera,  socióleg i terapeuta gestalt, colaborador del Espai Gestalt

Gestalt i Patriarcat

Com afecta el Patriarcat la formació i desenvolupament de la nostra neurosi? Com reconeixem els efectes del Patriarcat en els relats, conflictes i patiments dels nostres pacients, en la pràctica terapèutica? Com identifiquem en nosaltres els introjectes patriarcals, que condicionen la nostra personalitat i la nostra percepció dels pacients? Té la Gestalt una perspectiva de gènere? Els models identitaris i relacionals que tenim com a referència saludable, reprodueixen, qüestionen, o transgredeixen el Patriarcat? L’ordre o ordres sanadors que validem són de patró patriarcal, o de matriu anti i postpatriarcal? Com assumim, des de la Gestalt, els nous plantejaments i pràctiques que venen de la creixent diversitat i pluralitat d’identitats i opcions sexuals: gay, lesbiana, bisexual, trans, intersexual,…?

No és la meva intenció, ni la meva capacitat, donar ara resposta a totes aquestes preguntes. La finalitat d’aquest apunt és plantejar-les, contrastar la seva pertinència, i convidar al debat.

Com a contribució a aquet debat plantejo algunes hipòtesis:

Les identitats i rols que el Patriarcat ens ha imposat i amb les que ens ha educat ens provoquen malestar i patiment. La rigidesa amb que, en l’ordre patriarcal, es defineixen la identitat i funció masculina i femenina ens generen conflicte i dolor, i limiten el desenvolupament i la creativitat del nostre ser.

Les relacions humanes condicionades per aquestes identitats i per aquests rols estan també molt limitades i tensionades per uns patrons, introjectes, expectatives, prejudicis i valors, que ens redueixen la llibertat i que són causa de sofriment.

No complir amb les expectatives introjectades sobre el que implica ser masculí i femení, home i dona, genera frustració, culpa, conflicte i pèrdua d’autoestima.

En absència d’una perspetiva de gènere, tendim a considerar de manera apriorística i essencialista les nocions de masculí i femení i els seus rols, en lloc de considerar-les categories culturals construïdes socialment i fruit d’unes determinades relacions de poder.

També, en absència de perspectiva de gènere, tendirem a obviar l’hegemonia del masculí sobre el femení i dels homes sobre les dones, i a perdre de vista les conseqüències d’aquesta hegemonia en els processos de formació del caràcter, de la neurosi i de la identitat en homes i dones, en les seves estratègies de supervivència i en les seves relacions i conflictes emocionals.

El procés terapèutic tendeix al reconeixement i integració de les dimensions masculina i femenina en la persona. És això suficient, sense qüestionar el significat que hom dóna a aquestes dimensions i  la seva mateixa existència?

El procés terapèutic cal que convidi a qüestionar i deconstruir aquestes nocions i identitats prefixades, a contactar amb etapes i moments de la memòria emocional, psicosomàtica i social en què les hem fixat de manera rígida, així com a interrogar els mandats i expectatives introjectats i projectats? Hauríem de plantejar els conflictes de gènere, d’identitat i de relació patriarcals, com a dimensió important dels procés terapèutic? Això ens faria més lliures i creatives?

Intueixo que sí.