Musicoterapia: caminos de sanación

Autor: Manuel Muñoz – Musicoterapeuta, terapeuta gestalt y corporal integrativo, exmúsico y licenciado en Antropología

Aunque la historiografía de la música como herramienta sanadora es reciente, viene de muy antiguo. Hay vestigios de su empleo ya en el Paleolítico Superior; encontramos textos y referencias de estas prácticas antes del 3000 a.C. entre los egipcios; del 2600 a.C. en la India, China y los indios puna de Panamá; en el 2000 a.C. en Grecia; y en el 1000 a.C. en Roma. Los chamanes y “hombres de medicina” de todas partes del mundo han venido utilizando este conocimiento desde tiempos inmemoriales… Sin embargo, solo a partir de 1947 se empezó a considerar en nuestro mundo civilizado como una “profesión organizada”.

En la actualidad, en algo mas de cincuenta países (destacando el Reino Unido y EE.UU.) ocupa un lugar de referencia en el campo clínico, junto a la fisioterapia, la terapia ocupacional o la logopedia, y forma parte de los servicios paramédicos incluidos en el sistema público de salud. En España, es a partir de finales de los años setenta cuando se empieza a hablar incipientemente de musicoterapia.

La musicoterapia es una disciplina donde se encuentran multiplicidad de enfoques y escuelas. Su aplicación dentro de los sistemas de salud varía mucho de un país a otro debido a las ideas culturales sobre el uso de la música, las políticas y los presupuestos de los Estados, las actitudes hacia la salud y los modelos médicos, y la definición del concepto de terapia. Depende, en particular, de la diversa importancia que se le haya dado a las diferentes tradiciones psicoanalíticas, conductistas, biomédicas y humanistas, así como de las filosofías educativas.

A la vista de este múltiple panorama, consensuar la definición de musicoterapia es tarea difícil. La más usada es: “cualquier tipo de práctica o uso de la música y del sonido con la intención de procurar un efecto benéfico y saludable en las personas o grupos de personas”. Está demostrado que el uso de determinadas músicas o sonidos puede ser sumamente beneficioso para todo el mundo; se prescribe música a los bebés en gestación, a los niños en su aprendizaje, a los adultos contra el estrés, o para la rehabilitación de los ancianos discapacitados, entre otros muchos usos.

Una de las formas más típicas y extendidas de practicar la musicoterapia en nuestro país es el uso de la música activa (interactiva) y creativa para establecer una relación terapéutica entre una persona o grupo y un terapeuta. En el ideario común está la imagen del terapeuta que canta, toca o facilita que lo hagan sus pacientes. El proceso a través del cual un cliente expresa su dificultad, necesidad física, emocional o psicológica usando la improvisación creativa (con voz, sonido o instrumentos) es uno de los enfoques más comunes, por lo que los musicoterapeutas que la practican suelen ser músicos o tener conocimientos musicales.

Otra aplicación común es la música receptiva, en visualizaciones guiadas, en la terapia vibracional o en la expresión corporal (movimiento, danza, baile, meditación activa…) así como el uso de la música clásica —o de canciones vintagepara recordar sentimientos, asociaciones, deseos… En tales prácticas, los terapeutas pueden no ser músicos y suelen poner música pregrabada. La clave es que conozcan mucha música diferente, no se limiten a lo que a ellos les gusta y tengan criterio.

En las terapias de sonido (sonoterapias), se suele poner el énfasis en el uso de los tonos, vibraciones y frecuencias, y en las reacciones del cuerpo en relación con lo que suena. En este sentido, en vez de trabajar con una compleja composición musical, se opera con secuencias de tonos específicos, generados acústica o electrónicamente, y efectos como la resonancia, la afinación justa, la sonopuntura o la diferencias binaurales. El uso de la voz para liberar la auto expresión o reequilibrar energéticamente el cuerpo forma parte de la terapia de sonido.

También podemos utilizar instrumentos específicos para crear sonido y generar efectos concretos en el trabajo terapéutico sobre el paciente: Diapasones; cuencos tibetanos, de cuarzo o de cristal; generadores electrónicos de tonos o de armónicos; y toda una amplia gama de instrumentos electrónicos y acústicos de nueva generación creados al efecto, con sonidos, materiales o aleaciones especiales, tales como los wáter drums, reac table, el theremin, el hang, interfaces tangibles, el tenori-on, o el musics —que genera sonidos con nuestro campo magnético—, así como infinidad de instrumentos étnicos, recuperados de tradiciones y culturas casi olvidadas (balafones, vibráfonos, flautas indígenas, etc.).

En la actualidad, debido al interés creciente en biotecnología y las neurociencias (en medicina se usa el sonido para disolver las piedras), cada vez hay más investigaciones que tratan de establecer el efecto real de la música o de las ondas sonoras sobre el sistema nervioso, las emociones, el cuerpo físico e incluso sobre las células y el ADN, de la que dan cumplida prueba los experimentos con la cristalización del agua de Masaru Emoto o la cimática. A partir de todas esas tecnologías y descubrimientos se ha podido también retroalimentar la música en cuanto a posibilidades de grabación y producción de sonido.

La musicoterapia aplicada al mundo del crecimiento personal y al trabajo con el cuerpo es todo un mundo nuevo a descubrir. Al ser una disciplina relativamente “nueva”, aún no conocemos su potencial en la relación de ayuda, por lo que hemos de animarnos a experimentar, probar e investigar, tanto en las técnicas nuevas como en las ancestrales.

Lo que ahora es percibido por la mayoría de profesionales de la terapia como una técnica auxiliar o una apoyatura que crea un ambiente, puede llegar a convertirse en una de las mejores herramientas de trabajo para fomentar la salud, el crecimiento personal y el bienestar en nosotros y en nuestros clientes: El propio fondo de donde surja la figura.

En nuestras manos, oídos e intención está…

 

Para una mejor comprensión de la musicoterapia, se pueden consultar los libros:

BENENZON, R. O. (2011): Musicoterapia: de la teoría a la práctica, Paidós, Barcelona.

BETÉS DE TORO, M. (2000): Fundamentos de musicoterapia. Morata, Madrid.

CAMPBELL, D. (1998): El efecto Mozart, Urano, Barcelona.

GOLDMAN, J. (1996): Sonidos que sanan, Luciérnaga, Barcelona.

JAUSET BERROCAL, J. A. (2008): Música y neurociencia: la musicoterapia, U.O.C., Barcelona.

MANCHADO, Mª. L. (2006): Musicoterapia gestáltica, Mandala, Madrid.

STEWARD, R. J. (1990): Música y conciencia. Mandala, Madrid.

Gestalt y proceso de transformación

CÓMO AYUDA LA TERAPIA GESTALT A CAMBIAR
CONDUCTAS, ACTITUDES Y VALORES DE NUESTRA VIDA

Autor: Jesús Elecalde – Psicólogo clínico y social. Psicoterapeuta y formador. Director del Espai Gestalt

La terapia gestalt es una herramienta que, si se practica con un mínimo de implicación y constancia, ayuda enormemente en el proceso de maduración psicológica, emocional, relacional, social y espiritual.

Ayuda entre otras cosas a lo que me gusta llamar “higiene mental”, algo que tiene que ver con sacar pensamientos, ideas, aprendizajes erróneos, caducos, transmitidos por padres, profesores, sociedad y cultura enferma, no saludable, y que se transmiten de generación en generación.

Haciendo una metáfora informática, diré que hay que limpiar el ordenador. Tenemos un software obsoleto con programas y rutinas que funcionan mal, que en su día nos sirvieron para sobrevivir y conseguir atención, cariño y seguridad, pero que hoy en día, ya hombres y mujeres, no nos sirven y hasta muchas veces nos hacen sufrir.

La limpieza de ideas ayuda a la limpieza emocional, ya que mente y emoción se influencian mutuamente. Es decir, que los pensamientos nos generan emociones y las emociones a su vez nos generan pensamientos. Por eso la limpieza también ha de ser emocional, pues quedan residuos, quedan rencores, injusticias, desamores, dificultades de expresión
emocional e incluso de identificación de las propias emociones.

Lo visceral y corporal es algo más olvidado, un poco más escondido, que muchas veces tenemos que rescatar y también en ocasiones depurar y limpiar.

Tras la “limpieza gestáltica” empezamos a ser más conscientes y a engañarnos menosVamos reconociendo nuestras necesidades reales y no los deseos neuróticos; vamos distinguiendo lo que es genuino, espontáneo, de verdad, amorosode lo que es elaboración  inconsciente con motivaciones no claras que nos hacen estar perdidos y nos generan sufrimiento en nuestras vidas y en las vidas de quienes se relacionan con nosotros.

A partir de aquí, con una estructura cognitiva más sana, unas emociones más profundas y por tanto estables, y unas necesidades más cubiertas, estamos más en condiciones de enfrentar la vida de forma saludable y de abrirnos con más claridad, lucidez y amorosidad a nuestro día a día y a otras dimensiones más elevadas, como nuestra espiritualidad.

 

Si queremos avanzar o facilitar el proceso de transformación, la terapia gestalt se puede combinar perfectamente con un trabajo corporal de desbloqueo y conciencia. Igualmente la meditación ayuda, por supuesto, en este proceso inicial, y para los más avanzados se hace indispensable a fin de seguir evolucionando profundamente. Y ya, para “hacerlo perfecto”, sería muy conveniente eliminar los malos hábitos, cuidar la alimentación y un contacto frecuente con la naturaleza.

Esto es una formula bastante ideal; luego la vida, el día a día nos arrastra y hacemos lo que podemos o al menos eso nos decimos para sentirnos más o menos en paz. Lo cierto es que hay personas que, por conciencia o por voluntad, invierten más tiempo y energía en este proceso de transformación, y todos en mayor o menor medida nos dispersamos, nos dejamos arrastrar por nuestra inercia y/o nuestras pasiones y pasamos temporadas más centrados, sin perder el norte y temporadas más a la deriva.

Lo cierto es que hay tantos caminos como seres y que todos nos dirigimos al mismo lugar, cada uno a su modo y a su ritmo, e igualmente merecemos un respeto y buena suerte en esta aventura que es vivir. Yo elijo como base para caminar la terapia gestalt y la recomiendo especialmente junto con el trabajo corporal para limpiar y desbloquear y no andar en círculos más de lo deseable. Luego, la meditación, como he dicho antes. No invento nada; es de lo que me he impregnado en el contacto con Claudio Naranjo y su proceso SAT y lo que me sigue sirviendo después de tantos años.

Los ojos son la luz del cuerpo

Autores: Sérgio Veleda y Evânia Reichert – terapeutas psicocorporales

Este mes de marzo y en abril, los terapeutas brasileños Sérgio Veleda y Evânia Reichert imparten un ciclo de charlas y talleres en España. En “VENTANAS DEL ALMA. Un taller psicoenergético” presentarán, de forma vivencial, la relación entre la mirada humana, el carácter según el abordaje psicocorporal y las familias búdicas, en una promoción del Espai Gestalt con apoyo de la
Fundación Claudio Naranjo, de Barcelona.

En el texto que viene a continuación, Sérgio Veleda y Evânia Reichert esclarecen su propuesta.

Desde el inicio de la vida los ojos son la luz del cuerpo, y uno de nuestros principales canales de contacto directo con el mundo y con el otro. Ellos registran parte importante de nuestra biografía somática. Según la cartografía de la coraza muscular del carácter, desde los primeros meses de gestación, los ojos ya se encuentran activos en el útero materno. Según Wilhelm Reich y sus seguidores, los ojos, junto con la piel, el sistema nervioso, la audición y el olfato, conforman el primer anillo de tensión del organismo.

Los ojos reciben influencias determinantes desde el desarrollo inicial en la vida intrauterina, también en el momento del parto y en los primeros meses de vida extrauterina. La calidad del cuidado recibido por el bebé en el inicio de la vida mantendrá y profundizará su relación con la unidad de todas las cosas o provocará una escisión entre cuerpo, mente y ambiente.

Desde el momento del nacimiento los ojos, en conjunto con la boca, la piel, la nariz y los oídos, son los órganos de contacto y establecen una intensa comunicación con la realidad fuera del útero. Por medio de ellos, el recién  nacido mantendrá su enlace con la madre y después con el padre. Los ojos son nuestro primer y más intenso órgano de percepción directa, que a lo largo de la vida irá a buscar y captar tanta o más información que los otros sentidos.

La amenaza al desarrollo natural del organismo durante la gestación —cuando este es afectado por las condiciones frías y congeladas de un útero sin afecto— priva al feto del primer contacto con la aceptación. Posteriormente, si en el momento del parto y en los primeros días de vida la calidad del contacto del bebé con su madre es perturbada, se puede generar una disociación en la personalidad, promoviendo en la persona defensas primitivas, como el aislamiento y el cierre de su intimidad.

Cuando la experiencia de llegada al mundo no se lleva a cabo de forma humanizada y respetuosa, sin los cuidados biopsicológicos suficientes, el miedo será la primera experiencia de vida de un niño, un registro que marcará la formación de su carácter, a nivel somático y psicoafectivo. Esa amenaza generalizada y sensorial podrá estar presente, incluso en la vida adulta, en una mirada vacía y desconectada, congelada y fija, en sensaciones fuertes de desconexión, ansiedad, aflicción o angustia sin causas aparentes.

El miedo activa internamente un estado emocional tenso, ansioso e inseguro. La persona se siente separada de la unidad con la madre y la vida, y se torna frágil frente al mundo. Se trata de un miedo a la desintegración del propio organismo vivo, que se defiende con el alejamiento y el aislamiento.

Los dos factores psicológicos relacionados con el bloqueo del segmento ocular son: las dificultades de contacto y la tendencia a la disociación. La energía vital del individuo amenazado se recoge de la periferia caliente de la piel hasta el fondo del organismo, con el fin de ser almacenada y servir de defensa contra cualquier amenaza de desintegración. Se crea así un estado de alerta somático, bioenergético y precognitivo. Esa situación topográfica influenciará la organización energética de la mirada, el modo de ver y percibir el mundo, así como el modo de pensar, sentir, hacer y relacionarse.

La actitud marcada por el miedo que se configura en la mirada puede generar tanto un problema ocular que afecta muchas veces también la capacidad plena de la visión (miopía, hipermetropía, astigmatismo, etc.) como el propio carácter.

Algunas personas pueden alejarse del mundo pasando a tener una visión corta. Se trata de una defensa contra la invasión ajena con la que consiguen mantener una cierta seguridad existencial. Otras pasan a no percibir lo que está cerca y se vuelven demasiado expansivas, desarrollando una visión totalmente volcada hacia fuera de sí mismas. El primer caso supone una actitud introvertida, acompañada muchas veces de una somatización miope; el segundo implica una actitud extravertida, que puede presentar también hipermetropía, por ejemplo.

Los diferentes tipos de miradas nos pueden indicar cómo se dio la organización psicoafectiva de la persona y cuál es la calidad de su contacto con la realidad. Los ojos están buscando contacto o evitándolo; algunos son congelados y fríos; otros, amedrentados. Y aun los hay brillantes y vitales; cargados y contraídos; u opacos y tristes. La mirada revela, en suma, la condición vital del organismo, así como la defensa que se ha organizado frente a las amenazas vividas en el inicio de la vida.

Encontramos ojos comprimidos o saltones; ojos que nos atraviesan sin vernos; ojos que nos dominan; ojos que nos seducen; ojos que apelan a la necesidad de protección y cuidado. Y ojos ansiosos que nos agotan con su insistencia e invasión. Son muchos los tipos de mirada. En verdad revelan el interior de la persona.

Los ojos son las ventanas del alma, y a su través podemos sentir a una persona en su profundidad. Con ellos registramos nuestras primeras imágenes. Sin ellos, el mundo se torna negro, pura oscuridad. Son las ventanas por donde entra la luz; y también buena parte de las sensaciones objetivas que vienen de la geometría del espacio, de los objetos, de las formas y de las expresiones de aquellos que nos miran y nos cuidan. Por medio de ellos descodificamos el mundo y lo introyectamos. Es así como se forma nuestro primer punto de vista sobre la vida, marcando nuestra manera de ver, percibir e interactuar.

Hay una referencia clara de la luz de los ojos en la poesía bíblica de Mateo, 6: 21, 22, 23: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. Los ojos son la luz del cuerpo. Si tus ojos son buenos, todo tu cuerpo es luminoso; pero si tus ojos fueren malos, todo tu cuerpo estará en las tinieblas. Y siendo la luz que hay en ti tinieblas, ¡qué grandes tinieblas serán!”.

En los primeros momentos de la vida, nuestra mirada se puede tornar difusa, desenfocada; principalmente por la influencia de los ruidos que afectan a los oídos (que también son parte del primer segmento de tensión). Los oídos reciben los estímulos del ambiente. Los ruidos abruptos asustan y alteran la atmósfera, afectando también a nuestra percepción visual. En ese espacio confuso buscamos un punto de contacto: la madre (o la figura sustituta). Esa persona se tornará la figura referente de contacto, asociación y seguridad.

A través de la mirada materna no nos sentimos solos, abandonados, perdidos ni desconectados. La madre es fuente de seguridad y afecto, una matriz de confianza que se activa ya en la primera mirada materna. Nuestra mirada puede verse pues influida por la primera mirada presente de la madre o por la falta de esa mirada. La manera como la madre nos mira y se relaciona con nosotros, en los primeros tiempos de nuestra vida, va a formar emocionalmente nuestra mirada sobre el mundo.

Después de la madre, nuestra mirada también está influenciada por el padre o por la falta de su mirada. Si la madre representa un continente para el niño, la mirada paterna es la confirmación de que todo está bien. Entonces, más tarde, si esa mirada es de censura y de órdenes excesivas, significa castración e impedimento.

La mirada amorosa, cuidadosa y presente representa para el bebé una fuente de seguridad y vínculo. Una mirada materna triste, vacía, tensa y ansiosa, es una mirada desconectada, que hace que el bebé se sienta solo. Una mirada relajada y amorosa tiene un sentido de aceptación para quien la recibe. En el inicio de la vida, una mirada viva y amorosa llena nuestro cuerpo de luz, confort, amor y paz. La falta de esa mirada genera la sensación de que nos encontramos solos, sin contacto, y causa en el bebé una experiencia de desamparo, desesperación, miedo, confusión y falta de luz, esto es, tinieblas.

La luz de los ojos es la lucidez, la visión clara que ve las cosas tal como son, una visión no distorsionada de la realidad. La pérdida de la lucidez se caracteriza por pensamientos confusos y sombríos, producidos por una mente aturdida y un corazón afligido. El bloqueo ocular condiciona a la mente con pensamientos disociados y confusos.

Las familias búdicas y sus energías

Si establecemos un paralelismo entre el trabajo sobre los ojos y el contemplativo, encontraremos una integración muy profunda con las cinco familias búdicas, también conocidas como familias energéticas. Son llamadas vajra, ratna, padma, karma y buda. Son formas de cómo se organiza la energía en el comportamiento, la manera de ser y la estructura corporal y energética, de acuerdo con un mapa muy antiguo de tipología del carácter, desarrollado a partir del budismo.

Cada una de estas familias tiene una forma de relacionarse, de mirar y encarar el espacio y la realidad. Si en la familia vajra la manera es recta, directa y precisa, la padma se fija en los detalles, la armonía y la sofisticación del espacio. La mirada buda es abierta, está fundida con el ambiente. La karma es una mirada enfocada en la acción, que percibe las cosas y el espacio en términos de acción y movimiento. La mirada ratna ya focaliza la abundancia y busca rellenar el espacio vacío con sus actitudes.

La mirada de cada familia encuentra dificultades para desconfigurar una manera fija de encarar el espacio, los objetos y la realidad. Dicha dificultad inhibe la percepción del todo y de cómo mudar la manera de mirar y definir el espacio. Cada familia tiene un equivalente postural y un estilo propio de mirar hacia el espacio. Cuando practicamos las posturas y los modos de mirar de cada familia, podemos tener otra percepción del espacio y de nosotros mismos. Creamos de este modo la posibilidad de cambiar la configuración de nuestra mirada, de nuestro punto de vista, de nuestra forma de creer y de definir la realidad donde estamos inmersos.

Los principios del trabajo con los ojos, el estudio de la fase ocular, es una contribución esencialmente reichiana. Fue a partir de la vegetoterapia (que se distingue de la sistemática de la bioenergética de Alexander Lowen) que se desarrolló el trabajo clínico con los ojos y con todos los trastornos asociados a ellos.

Debido a las persecuciones sufridas y al campo cada vez más amplio de sus investigaciones, Wilhelm Reich no logró finalizar la sistematización clínica de la vegetoterapia. Entonces pidió a su alumno, Ola Raknes, que le diera continuidad. Raknes pasó a su vez la tarea a un médico, el neuropsiquiatra italiano Federico Navarro. Fue este quien sistematizó la base del trabajo clínico con los ojos y los demás segmentos del organismo. Elsworth Baker se ha dedicado también al trabajo sobre el segmento ocular, así como a los estudios que él llamaba de carácter ocular, en los EE.UU.

El trabajo terapéutico con los ojos actúa directamente sobre ciertas áreas del cerebro. Se puede decir que hay otro tipo de coraza, la cerebral, que afecta fuertemente a los órganos de percepción ligados a la cabeza: visión, audición y olfato. Toda la sobrecarga o estasis energética en estos órganos lleva a una percepción disociada y confusa de la realidad.

El trabajo con los ojos y la energía atrapada en la coraza muscular no debe consistir en un mero ejercicio mecánico de movilización ocular, con sus abreacciones. Se trata de un proceso que necesita ser conducido con contacto y propiocepción, y en conjunto con el “principio del movimiento puro”, según fue definido por Reich.

El movimiento terapéutico que envuelve el cuerpo se basa en el principio del flujo, del movimiento continuo, sin interrupción. La capacidad de recuperar e integrar la vitalidad libre del organismo depende de su capacidad de experimentar el movimiento puro, sin bloqueos. De este modo, se intenta obtener la fuente de la cura que, según Reich, se fundamenta en el movimiento puro y en el reflejo del orgasmo, experimentado como unidad del cuerpo y de la mente, en estado de entrega y con actitud afirmativa de la vida.

Una vez identificada la dificultad de la persona para mantener el movimiento continuo dentro de un ejercicio, ocurre el desacorazamiento. La coraza es el movimiento interrumpido. El movimiento continuo conducirá a la persona hacia el funcionamiento total, precedido de vibraciones, temblores, ondas, convulsión orgástica, liberación emocional y reflejo del orgasmo. Todas esas manifestaciones de  movimiento continuo llevan al desacorazamiento de los segmentos de tensión de la coraza muscular, redistribuyendo la energía del organismo.

Conocer los principios, saber leer y reconocer la interrupción del movimiento y de qué forma se da en el organismo, son los fundamentos de la práctica de la orgonomía reichiana. El trabajo siempre empieza con el segmento ocular, pues es el primer afectado dentro del proceso de desarrollo. En el caso de “Ventanas del Alma”, el proceso integrará la apertura de la mirada con la contemplación y la vitalidad expresiva.

 

Evania Reichert y la infancia sagrada

Autor: Oscar Fontrodona – Terapeuta gestalt y corporal integrativo. Colaborador del Espai Gestalt.

Cada vez somos más conscientes de hasta qué punto son cruciales los primeros años de vida. Quien se dote en la infancia de una sólida base emocional desplegará de adulto con plenitud sus capacidades. En otras palabras: recibir de pequeño cariño, amor y respeto estimulará su desarrollo cerebral. En las últimas décadas la neurociencia ha demostrado la relación directa entre el afecto y el desarrollo temprano del cerebro, el estrés y la depresión. Las resonancias magnéticas “confirman” lo que el psicoanálisis y sus herederos, la gestalt y las terapias reichianas, de la bioenergética a la vegetoterapia, hemos postulado desde siempre.


Si hay alguien que conoce este tema en profundidad es la brasileña Evania Reichert, que llega estos días a España, invitada por el Espai Gestalt. Tras un largo recorrido como maestra de primaria y periodista de educación, cultura y ecología, acumula veinte años como terapeuta psicocorporal de enfoque reichiano. Es coordinadora del centro terapéutico y de estudios de la infancia Escuela Vale do Ser, en Brasil, y forma parte del equipo de colaboradores de Claudio Naranjo en ese inmenso país.
“El afecto expresado en caricias, besos, cosquillas, abrazos, pedorretas, achuchones —dice Evania— ¡fomenta las sinapsis, multiplica las redes neuronales!” Si el bienestar que genera en un niño el cálido piel a piel con quienes ama le promueve hormonalmente el desarrollo temprano del cerebro, lo contrario dañará su constitución psíquica: “La hormona del estrés, el cortisol, poda las sinapsis, causando déficit en el desarrollo y las matrices de la depresión y la ansiedad”.

La mejor medicina es el amor
En los primeros siete años de vida se da la maduración biopsicológica de ese ser nacido incompleto e indefenso que es el ser humano. Y ese arraigo y desarrollo de lo que es ser persona necesita sí o sí para verse nutrido por el afecto. La sonrisa, por ejemplo, forma parte de un patrón de conducta innato, es decir, forma parte del equipamiento biológico natural del ser humano. Para Bowlby, que revolucionara la psicología moderna con su teoría del apego, representa la base sobre la que se constituye el vínculo. Más aún, el contacto “placentero” con su cuidador es imprescindible para la propia supervivencia del recién nacido. Federico II, en un experimento clásico, pretendió averiguar el lenguaje humano; a tal fin prohibió cualquier tipo de comunicación verbal con los niños de un orfanato. Como consecuencia, todos ellos murieron. La aportación de Bowly llevó a la prohibición de los orfanatos en los países civilizados… menos en España.
Evania recalca que padres y madres sean capaces de brindarles a sus hijos el amor y afecto suficientes que les permitan desarrollarse. El niño que tiene la suerte de recibir un buen trato de cuidadores suficientemente buenos, generará un “fondo de reserva”, como ella lo llama, de cara a la vida adulta.
Pero nadie, ay, nos enseña a ser padres, y tendemos a reproducir en nuestro educar modelos aprendidos, transmitiéndoles a los niños y niñas del futuro nuestras propias frustraciones y limitaciones: las marcas de nuestra propia infancia.

Ser padres conscientes
Para educar, lo primero se conocerme a mí mismo. A fin de no ser tan automático en esa reproducción de los patrones adquiridos en de mi familia de origen. Y lo segundo, saber qué necesita el niño en cada una de las etapas de su desarrollo. Ambas cosas juntas conforman el ser padres conscientes, que es sin duda el mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos.


Este saber sobre el niño es lo que Reichert expone de manera magistral en su libro Infancia, la edad sagrada (La Llave), que tuve el gusto de traducir al español, donde explica las diferentes fases de la infancia en que se forja (al fijarse en una de ellas por frustración traumática repetida) el carácter. Su lectura permite aprender con facilidad, sin necesidad de bagaje previo, qué es lo que necesita un niño. Qué parte de él se está formando en cada edad desarrollo, de modo que se le pueda estimular en la medida justa. Se trata de un excelente complemento al libro de Juanjo Albert Ternura y agresividad y, sobre todo, al instinto maternal, a la intuición de la madre, auténtica brújula de la crianza y tan descuidada ante la presión del círculo social y especialmente de esos expertos médicos que ignoran lo que ignoran. Madre: en la duda (¿lo vacuno?, no lo vacuno?…), sostén a tu niñ@ en los brazos y sabrás qué hacer.
El libro de Evania, no obstante, aporta datos fundamentales de cómo se forma una persona. Comenzando por la gestación, que es “el período de la formación del temperamento, el cual es innato y una mezcla de la genética y las condiciones emocionales del ambiente uterino. Lo ideal sería que el embarazo fuera muy tranquilo porque el bebé recibe, a través de la placenta, toda la carga de ansiedad y el estrés que vive la madre. El bebé siente lo mismo que siente ella. Una madre ansiosa también pasa al feto la ansiedad. El autismo también puede venir del embarazo”.


Nueve meses más tarde el bebé aterriza en este planeta, El momento del nacimiento es el primer registro —somático— de cómo es el mundo al que llegamos. “Es necesario —sostiene Evania—reducir al máximo el impacto del pasaje entre el espacio intrauterino y el extrauterino”. Pero, ay, el bebé nace —la mayoría de las veces— en un entorno hospitalario perturbador, por irrespetuoso con el bebé y la madre; incluso deshumanizado.
Si se da ese trauma del nacimiento, el mayor que puede experimentar un ser humano, va a perturbar el desarrollo biopsíquico del bebé, generándole probablemente una herida esquizoide, que conlleva los primeros mecanismos de defensa, léase neurosis. “Un día —denuncia Evania— estas conductas sin humanización serán vistas como algo impensable que sucedió en el pasado. En los países que siguen el paradigma estadounidense de medicalización del parto, antes de que el bebé se quede con la madre el equipo médico practica los procedimientos de rutina: el peso, la aspiración repetida de las vías respiratorias, exposición al ruido, tacto grosero y abrupto, etc.; incluso cuando está bien. El aumento en Europa del número de partos por cesárea es alarmante. Hay nacimientos, aunque el riesgo sea el normal, que se convierten en un momento de violencia impresionante.”

La neurosis se previene en la infancia
El de Evania es un trabajo de prevención, en la infancia, de la neurosis futura, a partir del desarrollo de les virtudes de los niños. Comenzando por la confianza: esa fe en uno mismo y en la vida que es la primera virtud que desarrollamos ya en los primeros pasos, de mano de la madre (o la persona que cumple la función materna). “La confianza básica —explica— se constituye en el primer año de vida”, como resultado de un buen vínculo con el bebé. Si falla esa atención afectiva y solo se le da la material, si en el primer año y medio el niño no se dota de un suficiente amor primario, se le generará una herida oral, que es, explica Evania, “la matriz de la depresión”.

Tras la etapa oral llega la fase anal, donde puede quedar fijado el carácter masoquista (el eneatipo IX en la caracterología de Claudio Naranjo) si al niño no se le respeta su “No”: “De los 1,5 a los 3 años el neocórtex infantil es incapaz de procesar más de dos o tres prohibiciones. Si dirigimos 30 ¡noes! al niño… nos parecerá que nos desobedece 27 veces. No es capaz todavía de grabar las órdenes. Y ese decirnos él: “No” es su primer paso hacia la autonomía personal, al perfilar de su identidad”. Cuántos buenos niños y niñas, cuánto hábito de tragar se generan en ese violentar la incipiente voluntad del infante.


Finalmente, de los tres a los seis años, el tiempo del Edipo, “se desarrolla la pulsión sexual a la par que la curiosidad de saber, de conocer, de explorar: si reprimes la pulsión sexual de un niño, ¡reprimes su impulso de saber!”, asevera Evania.
Ya se va viendo cómo es la cosa. En el fondo, ningún padre quisiera fraguar “niños inseguros, que no se valorarán, que tenderán a maltratarse o maltratar, a ser agresivos…”. ¿Cómo evitar esa normalidad? Lo que he entendido de mis charlas con Evania es que el paternaje suficientemente bueno es marcarle a mi hijo el camino pero sin cortar sus alas, acompañarle sin caer en la excesiva permisividad ni, sobre todo, en la represión; con las dos manos juntas de la contención y el afecto. Ella señala la urgencia de que padres y educadores cambien su visión de la infancia y la educación, enfocándola hacia el cultivo de la autorregulación. “Pero claro —protesta—, como es más fácil conducir a un niño reprimido que a un niño sano y libre… Hay que fomentar en el niño su autorregulación: que aprenda a regular sus acciones en cada fase”.
Y darle cariño, afecto y amor.

Evania entre nosotros

Evania Reichert viene a Barcelona a impartir en el Espai Gestalt, del 22 al 24 de este mes de marzo, un taller de psicomorfología dentro de la formación de TCI (terapia corporal integrativa), en el que tendré el privilegio de participar como ayudante.
El 10 de abril dará en el Espai Gestalt una charla (gratuita) sobre “Los ojos, ventanas del alma”.
El 19,20 y 21 de abril impartirá otro taller, este de carácter abierto, en la Fundación Claudio Naranjo, sobre el mismo tema: “Las ventanas del alma”. Para inscribirte en él, contacta al teléfono del Espai Gestalt: 93 285 36 18, o por email a info@espaidegestalt.com
Y finalmente, el jueves 11 de abril (de 18h a 21h) dará una conferencia-coloquio en Congrés-Indians, la escuela pública de Barcelona que, junto a Els Encants, practica la crianza respetuosa. Digo respeto tal como lo define Evania: “tratar al niño según lo que pueda esperarse de él en cada franja de edad”. Els Encants abrió este año una pionera línea de primaria, donde está mi peque. Congrés-Indians la abrirá este año.

Para el resto de la agenda española de Evania Reichert:

http://www.agendaespanha.blogspot.com.es/

 

Fuentes de las declaraciones:

http://crecejoven.com/pedagogia–evania-reichert

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110518/54156343437/la-paz-en-el-mundo-empieza-en-el-vientre-de-la-madre.html#ixzz2MmvbkAsL

Las creencias, desde la biología

En Gestalt no solo trabajamos las emociones y el cuerpo sino que también hay un abordaje cognitivo sobre las creencias. Es desde ellas que atribuyo significados al mundo. Mis creencias obedecen a un principio económico de autorregulación: cada vez que otorgo significado a una experiencia le confiero un valor de pronóstico (me genera unas expectativas) que, al generalizarse, cristaliza en una creencia.
Una vez asumida una creencia, a partir de mi experiencia o, lo que es más habitual, comprándola en el mercado de la autoridad (padres, etc), tiro millas y no suelo contrastarla con mi vivencia; al revés: selecciono de mi experiencia precisamente esos datos que me confirmen mi creencia de turno.

A estas creencias importadas, que hemos tragado sin masticar, en gestalt las llamamos introyectos y el primer problema es que son, las más de las veces: el trabajo personal comienza por reconocerlas; solo después podré decidir si me quedo con ella o la escupo. Al conjunto de creencias que tengo de mí mismo le llamamos “autoconcepto”.

Una creencia es funcional cuando me sirve a orientarme en la vida. Otras, en cambio, son disfuncionales pues me limitan innecesariamente. Estas creencias limitadoras me hacen sufrir y hacen sufrir a mi entorno.

¿Podemos operar sobre el inconsciente, ese magma oscuro donde se “esconden” las creencias? Sí. En gestalt las revisamos en una reestructuración que genere un cambio cognitivo.

Bruce Lipton, investigador en biología celular y pionero del estudio de la epigenética

En su libro La biología de la creencia (ed. Palmyra), Bruce Lipton, investigador en biología celular y pionero del estudio de la epigenética, propone nuevos métodos de reestructuración de creencias. Otro libro suyo de gran actualidad, en vísperas del 21-12-12, es La biología de la transformación (La esfera de los libros), donde explica la posibilidad de una evolución espontánea de nuestra especie.
Lipton es un buen ejemplo de cómo la ciencia moderna está abriéndose a las nociones que hace años nos reprochaban a los gestaltistas. En la entrevista que seguidamente te presentamos, arranca reconociendo lo erróneo de la perspectiva aún mayoritaria entre sus colegas biológos.

He aquí algunos extractos:

“Me enseñaron que los genes controlan la vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero es falso. En realidad es el ADN el que está controlado… por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos. Cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología.

Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella. Según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.

Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas.

El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.

Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. … E igualmente existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño.

La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran.

Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo. Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.

Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida. Los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.”

Pulsa para ir a la entrevista completa en La Contra de La Vanguardia

VIVIR CON GESTALT

Autor: Jesús Elecalde – Psicólogo Clínico y Social. Psicoterapeuta y Formador.
Director del Espai Gestalt

La terapia gestalt, su actitud y sus técnicas, son aplicables en multitud de situaciones y momentos de nuestra vida cotidiana. Allí donde estés y hagas lo que hagas tu bagaje gestáltico te acompaña, te ayuda y te da herramientas y soluciones.

Ámbitos de la vida donde se aplica la terapia gestalt

Resulta fácil comprobar que la gestalt ayuda a profesionales del mundo de la psicoterapia, de las relaciones de ayuda, de la educación y de todo tipo de terapias corporales y otras formas de intervención con personas.

Sigue siendo evidente que nos ayuda en nuestras relaciones afectivas, con la pareja, los padres, los hijos y los amigos. También en relaciones de menor intimidad como los compañeros de trabajo, los profesores de nuestros hijos, los vecinos y por supuesto en nuestra relación más intima y personal: con nosotros mism@s; Hablo de conflictos internos, conflictos entre nuestra cabeza y nuestro corazón que afectan a nuestro equilibrio y autoestima.

Nos ayuda pues en lo profesional y en lo personal; en la relación con los otros, con el mundo y con nosotros mismos. Además, en mi práctica diaria me doy cuenta de cuánto sirve la terapia gestalt para educar a nuestros hijos y hacer que la neurosis familiar no se siga transmitiendo de generación en generación. Una neurosis que se transmite tan eficazmente que muchos geneticistas buscan explicaciones genéticas a conductas, actitudes y síntomas que son consecuencia del contagio y el aprendizaje de convivir con nuestros padres y modelos de referencia.

También me doy cuenta de que muchos de mis pacientes progresan significativamente en su carrera profesional y/o vida laboral. En un hipotético análisis multivariante, una parte de este progreso quedaría explicada por las nuevas habilidades desarrolladas en terapia. Habilidades de comunicación y de gestión que les hacen más confiables y capaces de liderar y responsabilizarse de equipos humanos. Otra parte quedaría explicada porque en gestalt se aprende a confrontar, se aprende a ser asertivo, a decir las cosas sin agredir al otro, a comunicar favoreciendo la escucha no defensiva del interlocutor. Defender nuestros derechos, reconocernos nuestros méritos y pedir lo que nos hemos ganado de forma efectiva ante la empresa. Al final conseguimos querernos más y cuidarnos mejor respecto al dinero que cobramos, los horarios que hacemos, etc. Ganamos calidad de vida y calidad humana frente a los otros y la comunidad, y eso también se nos es reconocido de alguna forma.

También la gestalt tiene su efecto en nuestra vida sexual. El paso por esta terapia facilita la apertura, la capacidad de estar presente, disminuye la resistencia a sentir y hace que las relaciones sexuales se vuelvan más vividas y satisfactorias. La gestalt facilita que distintos aspectos de nosotr@s se impliquen más. Aspectos como la emoción, la creatividad y el cuerpo y no tanto la mente. Además, sin miedo hay más capacidad de entrega, lo cual facilita e incrementa las sensaciones y la plenitud del momento del orgasmo y del conjunto del encuentro.

Bueno, como veis la gestalt da para mucho… Espero animaros a los que no tengáis experiencia directa con la gestalt a que lo probéis y podáis así beneficiaros de tantas y tantas satisfacciones que esta práctica conlleva. Vosotros, vuestras familias y vuestra comunidad también se beneficiaran de dicha práctica. Todos nosotr@s estamos necesitando personas, ciudadanos más conscientes para este mundo tan poco saludable en tantos aspectos. Resumiendo, la gestalt aporta más calidad humana con nosotros mismos, con los otros y con la comunidad.

Claudio Naranjo sobre la crisis

Te invitamos a disfrutar de la entrevista más reciente con Claudio Naranjo, el principal referente del Espai Gestalt.

En esta breve aparición en Televisión Española, el gran renovador de la Gestalt se muestra magistral, esta vez para un público más masivo.

“Es un misterio qué va a pasar con el barco que se hunde. Pero hay que ocuparse de los botes salvavidas. Lo mejor que podemos hacer es entrar en la creación de los rudimentos de una vida alternativa, desde la alimentación a la educación”. Así acaba la entrevista, que puedes ver completa pulsando aquí abajo: