Entrevista a CLAUDIO NARANJO
Por Oscar Fontrodona
Claudio Naranjo es un sabio chileno. Psiquiatra y profesor de Harvard y Berkeley, es el gran representante de la Escuela del Oeste de la gestalt, desde que Fritz Perls le encomendara proseguir el espíritu de Esalen. Reformulador y divulgador del eneagrama, la más completa herramienta de autoconocimiento, es la referencia fundamental para el Espai Gestalt.
A sus 76 años, Claudio Naranjo es un hombre en plena actividad. Viene de coordinar un multitudinario Simposio Internacional sobre la Psicología de los Eneatipos en Brasilia con cientos de participantes, y está preparando una serie de conferencias y talleres en París, este setiembre, agrupados bajo el título “Encuentros con un hombre notable”.
Tras una barba que apenas disimula sus ojos de niño, habla de que nuestros hijos son la esperanza, pero la escuela se usa para domesticarlos. Por eso Claudio Naranjo, creador del SAT, llevó este genial programa de autoconocimiento basado en el eneagrama al mundo de la escuela, con un SAT para educadores que le ha granjeado el reconocimiento internacional. Comenzamos evocando un acto en la Universidad de Udine, ante los decanos de todas las facultades de educación de Italia. Les hablé de educación en la virtud sin moralismos ─recuerda─. De que ya no sirve la virtud normativa; necesitamos volver al concepto de virtud natural: cuanta más realización, más buena es la persona naturalmente. El jefe de la policía, presente en el acto, se me acercó y me dijo: ‘Yo soy un representante de la virtud normativa, pero quiero que mi gente tenga un sentido de la otra. Les pasaré el vídeo de tu conferencia’. Hay que volver a una virtud natural.”
Esa virtud normativa se encarna en las leyes.
Dice Lao Tse: “Cuando se perdió la armonía original, surgieron las leyes”. Como si las leyes fueran un parche, una forma de obligar a la gente a portarse bien cuando ya ha dejado de ser buena, cuando ya ha degenerado. La sociedad patriarcal es una cultura aberrante, que surgió como resultado de un trauma histórico, cuando se secó el Sáhara y otras partes del mundo donde se habían asentado los primeros pueblos agrícolas.
En aquellos tiempos surgió el arte, la religión… muchas cosas buenas. Y luego vino el tiempo duro, y tuvieron que migrar de la tierra seca, pues ya no sustentaba la vida. Parece que pasamos por una etapa de nomadismo secundario. Muchos historiadores, como Toynbee hablan del reto; dicen que muchas civilizaciones surgieron como respuesta a un reto; por ejemplo, para encauzar el Nilo, poder resistir las inundaciones, realizar grandes obras… Una supervivencia colectiva a través de la organización de la sociedad de manera jerárquica. Ahora se sabe bien cuál fue el reto: la sequía, después del calentamiento de la tierra al terminar las glaciaciones. Somos los supervivientes de aquellos que tuvieron que migrar de la tierra rica después de que se convirtiera en una tierra seca, que ya no sustentaba la vida.
Parece que pasamos de nuevo al nomadismo, pero a un nomadismo secundario, rapaz, como vemos todavía en las películas de Hollywood sobre los mongoles y otros pueblos: Atila, etcétera. Fue una gran migración de lo que se llamó después los bárbaros, porque venían a invadir las tierras ricas en torno a los ríos. Una cultura predadora. Se pone cada vez más en claro que somos los descendientes de aquellos verdaderos bárbaros, que inventaron que para sobrevivir había que tornarse frío, agresivo. Y por tanto, insensibles. Es una mentalidad de cazadores intensificada, que es lo que hemos idealizado, es decir, tapado, con la gran religiosidad. Siempre pensamos que los bárbaros son otros, como los indios americanos. Y en realidad los indios americanos son una cultura amorosa, que se entiende hasta con los animales. Pero los norteamericanos, en nombre de una ley que se supone justa, les han quitado las tierras.
Aquel shock del cambio climático hace miles de años tiene paralelismos inquietantes con la situación actual.
Muchísimos. Nos hicimos bárbaros por tener una mentalidad de bote salvavidas: sálvese quien pueda. Nuestra manera de comportarnos es el resultado de un comportamiento de emergencia por sobrevivir, que ahora se está intensificando. Así, se pueden hacer todos los chanchullos, el dinero es lo único que importa, no hay sentido social, se puede pagar a crédito porque no se sabe si te van a cobrar mañana…
Estamos entrando en el mismo fenómeno de calentamiento de la Tierra. Ha desaparecido una parte de la biodiversidad, no sabemos en qué momento esto se va a acelerar para hacerse desastroso. Es evidente que en diez años habrá puertos bajo las aguas, la Tierra no dará para alimentar a toda la población mundial, además de lo difícil que se hará respirar. Pero somos más clarividentes de lo que se sabe. Nuestros animales saben cuándo se viene un terremoto. Nosotros no lo sabemos porque hemos perdido contacto con nuestra instintividad, pero muy en el fondo sabemos cosas que ni siquiera sabemos. Sabemos más de lo que sabemos. La crisis de la educación es, en parte, un saber profundo de los niños, que son todavía animales relativamente sanos, comparado con nosotros; los niños saben lo irrelevante que es lo que se les enseña, saben que estamos al borde de un naufragio, y por tanto es irrelevante buena parte de lo que se les dice. Se hace mucho una educación de mentira, una educación fraudulenta. Los educadores son los que menos lo saben, porque están educados para educar de esa manera, domesticados, programados para educar así. Cuanto más tiempo pasa, más años universitarios se necesitan para que la gente tenga argumentos para pensar que se está haciendo bien. Los niños no compran eso, y saben lo que falta, como lo saben un poco los animales. Los niños rechazan la educación porque ven sus trampas. Están más adelantados. Ven que los profesores están vendidos al sistema.
¿Cómo andas de esperanza?
Yo decía con gran entusiasmo: Aquí tengo la llave maestra; el SAT puede cambiar la educación, porque es un instrumento que si se le ofrece a los educadores pueden crear una educación nueva. Hoy en día, tomando en cuenta la resistencia política, y la resistencia transnacional, que va más allá de los políticos, y que le da toda la prioridad al dinero, se ve que la educación le da cada vez más prioridad a lo utilitario. Visto todo eso, diría que no es que el SAT puede cambiar las cosas, sino que es nuestra mejor esperanza. Pero el cambio en la educación y en la sociedad depende de una voluntad colectiva. Depende de la voluntad de los poderosos, sobre todo, de una voluntad transnacional que se oculta detrás del mercado, y la única manera de influir en eso quizás sea la opinión pública. Tal vez el periodismo pueda ser el poder mayor, hoy en día: el darle sabiduría a las masas, al hombre común; así como en el centésimo mono, cuando hay una masa crítica, la resonancia de lo que comprende esa masa pueda pasar a los pocos que están detrás del timón.
Hablo con decanos de las facultades y la oportunidad suena fantástica: me oyen con mucho interés. Pero los decanos están bajo la influencia de los rectores y de una autoridad política. No conocemos ese campo, hay algo secreto en los vínculos de la política con la educación. Cuando estuve en el cumpleaños de Edgar Morin, en París, le pregunté: “¿Crees tú que se puede salvar la humanidad?” Después de una pausa, de pensar un poco, dijo: “Hay un factor a favor, que es el gran peligro”. Estamos en un momento en que se colapsa el sistema patriarcal, la civilización que hemos conocido, de aquí a poco desaparecen los Estados nacionales, parece que el imperio transnacional hará que sean superfluas las divisiones entre Estados. El libre mercado enfatiza la palabra libre, con apariencia democrática, pero cuando no esté el contrapeso de las naciones, parece que el libre mercado será más despótico que nunca y la bestia mostrará su cara. Hay algo que se colapsa a través de todo esto, la conciencia humana degenera más y más.
Hay un libro de Jacques Attali: Breve historia del futuro. Es bastante catastrófica la evolución de los asuntos económicos y políticos. Y muestra ambién cómo el calentamiento de la Tierra hace todo mucho más peligroso, peor, que desaparezcan ciudades enteras; desaparecen las áreas habitables… El hundimiento de la nave patriarcal, el hundimiento de la sociedad tal y como la conocemos, de esta fórmula. ¿Cuál es la interacción entre este hundimiento y nuestra supervivencia? De eso depende que nos hundamos del todo o haya una especie de muerte y resurrección colectiva. Que la enfermedad colectiva y la muerte vayan de la mano de un renacimiento colectivo, de una sociedad nueva. Que haya supervivencia de unos pocos, tal vez de una forma mejor. Es como una operación de botes salvavidas, de cuánto se reaccione a tiempo frente al peligro. Que haya un cambio de miras.
Lo que parece evidente es que el peligro tiene que ayudar, así como hay gente que al borde de la muerte le cambia el sentido de la vida y se cura de sus males; despierta a un viaje de autorrealización. Puede que la humanidad despierte a un viaje de autorrealización. Tiendo a ser optimista, y pienso que la educación es un gran factor. Parece que los niños están un poco mejor pese a todo, hasta cierto
punto. Es como si estuvieran más despiertos. Hay un factor casi invisible: un investigador científico llamado Dan Siegel, que ha escrito un libro al respecto, dice que lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos como padres es conocernos a nosotros mismos, porque uno que se conoce a si mismo habla de otra manera con su hijo, con su hija; tiene una comunicación en otro plano. Ese es el regalo más grande que puede hacerle.
En los años sesenta se abrió una era de la búsqueda. Y aunque la política viró hacia un nuevo conservadurismo, ese viraje político no ha sido acompañado de un viraje de la conciencia. Hay una especie de revolución silenciosa. La semilla de los sesenta quedó plantada en la gente. Sobre todo en las mujeres, que son las que están más cerca de los hijos: la escuela parece especializarse en echar a perder a los niños con mayor y mayor eficiencia, al quitarles incluso las Humanidades. Es muy crítico que no echen a perder a esta generación de niños donde empiezan a aparecer niños cristal y niños azules, niños índigo. Es un fenómeno que se ha hecho notar: hay niños muy especiales en las últimas generaciones. Y creo que es sólo la punta del iceberg.









